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El cuento “La
Cenicienta”,
que todos conocemos, es un relato escrito por primera vez en China, en
el siglo IX D.C. El diminuto tamaño del pie, que no encontraba rival
ninguno, como signo de virtud, distinción y belleza, y la zapatilla
hecha con algún material precioso, son elementos que apuntan hacia un
origen oriental. La extremada pequeñez de los pies despertaba en los
chinos un especial atractivo, quienes acostumbraban vendar los pies de
sus mujeres. Como ya es sabido “Cenicienta” es un relato sobre las
esperanzas y las angustias presentes en la rivalidad fraterna y sobre
el triunfo de la heroína rebajada por las dos hermanastras que abusan
de ella.
En
“Ceniza y el Guerrero de los Vientos”
no hay pie diminuto ni
material precioso. Tampoco hay vestidos con miriñaque ni calabaza
transformada en carroza. En lugar de hermanastras hay hermanas mayores
celosas de la menor. Hay plumas, baguala y carnavalito; río y montañas
para oír. La sinceridad como valor, es el rasgo distintivo de la
protagonista. Ceniza mira el horizonte pero no ve. No argumenta
grandes verdades ni explicaciones, no queda apresada en ninguna
imagen. Ahí, donde nada encuentra, habilita un giro novedoso para su
propia historia.
“Ceniza y el Guerrero de los Vientos”
cuenta con música original y está pensada para chicos a partir de los
4 años. Se propone contar esta historia a partir de las técnicas del
teatro negro, con títeres de pequeño y gran tamaño.
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